viernes, 22 de septiembre de 2017

FURUKAWA / BURGUILLOS

Burguillos 1990 / Furukawa 2004

La exposición con la que R.O. Proyectos, Madrid / Galería Rafael Ortiz, Sevilla inaugura la temporada, FURUKAWA/BURGUILLOS, reúne a dos artistas de una misma generación, pero muy distantes en formación y contextos.

¿Por qué esta exposición? ¿Qué tienen en común? Rafael Ortiz responde: es una decisión marcada por los sentimientos. Cuando Guido H. Maus (Maus Contemporary, Birminghan, Alabama) nos mostró su trabajo, primero en Marbella y posteriormente en Madrid, nos pareció que sería magnífico que las obras de ambos, silenciosas, misteriosas y hasta enigmáticas ¡se conocieran!

Yoshishige Furukawa (Fukuoka-shi, Japón, 1921- 2008, Sagamihara-shi, Kanagawa-ken, Japón). Se graduó en Bellas Artes en la Universidad de Tokio (1939-1943). En la Segunda Guerra Mundial, sus obras fueron destruidas en ataques aéreos que incendiaron la casa de sus padres, él estaba en Nagasaki recién graduado se alistó en la marina. Más tarde se estableció como artista en Japón, haciendo una pintura ligada a la vanguardia europea, Cézanne, Matisse, Klee, Léger o Rouault.

Yoshishige Furukawa uncovering the windows of his 1972 exhibition at Westbeth Gallery, New York (image courtesy of the artist’s estate and Beta Pictoris Gallery/Maus Contemporary)

En 1963 visitó Nueva York y se quedó. Conoce a Isamu Noguchi y Jasper Jhons,  viviendo en el YMCA, el Chelsea Hotel y el Westbeth Artists Housing. Su investigación en la pintura abstracta americana, dio un cambio radical a su obra, atrás quedó la vanguardia europea.

El resultado de las obras que podríamos llamar pinturas, son el tema Black Rubber Sheet, una exposición individual de sus obras en la Galería Beta, Pictoris / Maus Contemporary.

Utilizando principalmente lienzo, caucho, ojales metálicos, materiales de costura (a menudo grapas) y el bastidor, Furukawa llevó la pintura abstracta adelante, la pintura y el yeso se reducen a manchas planas. Costuras y grapado de láminas de lienzo, junto con hileras de caucho negro, creó formas visuales geométricamente y cromáticamente simplificadas y planos de imagen que se volvieron palpablemente tensos.

Furukawa. 1972

Demasiado formalmente enclaustrado para encajar con el expresionismo abstracto (que él llamo “American Action Painting”), demasiado áspero para el Minimalismo y demasiado agitado para  Post-Minimalismo, las duras “pinturas” de Furukawa mantienen una independencia distinta mientras que también se adaptan en el canon occidental. Durante su vida disfrutó de un éxito institucional más amplio en Japón que en Estados Unidos, realizando exposiciones individuales en varios museos de su país natal, donde se recoge parte de su trabajo.

R.O. Proyectos, muestra su serie “Láminas de caucho negro”, en la que el artista utiliza materiales industriales como caucho, lienzo, láminas de goma y ojales para crear obras con líneas de borde duro y componentes geométricos, pero también frisos suaves de tela y arrugas naturales.

Furukawa. 1972

Estas obras tienen afinidades con el movimiento japonés “Mono-ha” de finales de los 60 y principios de los 70, que fue ampliamente ignorado en Estados Unidos hasta la exposición de Blum & 2012 Requiem for Sun: The Art of Mono-ha. Los artistas de Mono-ha trataron de elevar objetos naturales e industriales (madera, aceite, alambre, papel japonés, cuero, bombillas, piedra, algodón, etc.) como una forma de crear arte (en el sentido tradicional) para permitir el reordenamiento y la interdependencia de los materiales hablan por sí mismos.

De hecho, mientras trabajaba en la serie “Black Rubber Seet” durante sus primeros años en Nueva York. Furukawa fue influenciado tanto por la arenosa atmósfera urbana como por su pasado reciente. Con sus capas de caucho, gesso, metal y aceite, los lienzos a gran escala recuerdan igualmente la naturaleza flexible de la piel humana y los materiales mecanizados de la América industrializada. Incontables y extrañamente antropomórficas, existen en un espacio entre la escultura y la pintura, un área que Furukawa ha explorado hábilmente durante la mayor parte de su vida.

Furukawa. 1976

En 1997, Furukawa dijo: “Cuando estoy caminando, puedo ver una ventana, un camino, un sitio de construcción, gente trabajadora, un árbol, o el cielo, y trato de incorporar los sentimientos de estas cosas físicas visuales en mi trabajo”. En esta declaración podemos ver el compromiso de un artista desde cero, de las cosas a su alrededor, establecerse como artista cuyas primeras obras (y hogar) se redujeron a cenizas. Todas las piezas en la hoja de goma negra –cosido y estirado, forjado juntos de los materiales en la mano- muestran como logró eso, construir, destruir y hacer el trabajo nuevo.

El trabajo de Furukawa fue objeto de dos importantes retrospectivas en el Museo de Arte de la Perfectura de Fukuoka en 1992 y 2015. Su obra forma parte de importantes colecciones  como Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio, Museo de Arte de Osaka, Museo Nacional de Arte Moderno de Kyoto, Museo de Fukuoka, Museo de Arte Moderno de Saitama, o Riverside Art Museum de California entre otros. Ha sido expuesto en múltiples ocasiones en Estados Unidos y Japón a lo largo de su carrera, incluyendo una importante muestra en el Museo Albright-Knox en Buffalo, Nueva York en 1991. Recibió numerosos reconocimientos entre ellos ganador del premio de la Fundación Pollock-Krasner.

Furukawa. 1965

En la exposición se pueden ver obras de 1965 a 2004.

La obra de Yoshishige Furukawa está representada, en los museos americanos, japoneses y sí, falta España, espero que el Museo Reina Sofía se anime a incluirlo en alguna de las colecciones, es un espléndido artista.

Jaime Burguillos (Sevilla, 1930-2003, Sevilla) Se formó primero en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla y, más tarde, en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, en la que coincide con Carmen Laffón, Joaquín Meana, Jesús Soto y Luis Gordillo, entre otros.

Burguillos en el balcón de su estudio. Foto Archivo de Galería Rafael Ortiz.

Jaime Burguillos comenzó a trabajar dentro del realismo social a finales de los años cincuenta del siglo pasado para instalarse a principios de los sesenta en una abstracción sutil y muy personal que no abandonará a lo largo de toda su carrera.

En 1963 se traslada a Madrid donde permaneció veinte años, desvinculándose en cierta manera del mundo cultural sevillano. En esta etapa trabajó con la gran Galerista Juana Mordó hasta la muerte de ésta. Ese fue un momento fundamental en su carrera pues paso  a pertenecer a una galería que en esa época aglutinaba a los artistas más relevantes del arte contemporáneo.

Burguillos. 1963

“Cuando entra en contacto con aquel grupo, en el que están Lucio Muñoz, Zóbel, Gerardo Rueda o Saura, va decantándose, ya a finales de los 60, hacia esa especie de mosaico colorista que se le conoce hoy, esa pintura vibrante a base de pequeñas pinceladas, en la que color se convierte en leit motiv de su trabajo, tan poético”, afirma José Antonio Chacón, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en las páginas de Diario de Sevilla.

Burguillos. 1979

Burguillos, es colorista que experimenta las posibilidades de una misma gama cromática, obteniendo unos cuadros llenos de sobriedad y elegancia. Su obra forma parte de importantes colecciones, como las del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, el Banco de España y las fundaciones Juan March y La Caixa.

En la exposición se incluyen obras de 1963 a 1995.

Burguillos / Furukawa
Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Fuente: R.O. Proyectos y Galería Rafael Ortiz. FURUKAWA/BURGUILLOS. Prensa R.O. Proyectos. Calle Huertas, 61, bajo izda. 28014 Madrid. www.galeriarafaelortiz.com

miércoles, 6 de septiembre de 2017

AGÓN! La competición en la antigua Grecia

Niké alada con las ropas agitadas por el viento. Estatua de mármol, c. 100. a. C. Halicarnaso. © The Trustees of the British Museum

Niké, la diosa de la victoria que conecta el mundo de los mortales con el mundo de los dioses, da la bienvenida a la exposición, que invita a descubrir la idea de competición que dominaba todos los aspectos de la vida de la antigua Grecia: desde la guerra, el deporte y los juegos infantiles hasta la creación artística, pasando por la vida cotidiana y el momento de la muerte. Los griegos aspiraban a alcanzar la excelencia mediante el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu, por un lado, mediante el deporte y, por el otro, a través de la filosofía, las artes y las ciencias.

En Agón! La competición en la antigua Grecia se exponen por primera vez un gran número de obras maestras de la colección del British Museum, que con más de 100.000 objetos tienen uno de los fondos de antigüedades más grandes y completas del mundo clásico.

El comisario de la muestra Peter Higgs, especialista en escultura y arquitectura de la antigua Grecia en el British Museum, nos presenta una amplia selección, formada por 172 piezas antiguas del museo británico, comprende desde una decena de estatuas de grandes dimensiones hasta pequeñas figuras, sellos exquisitamente grabados hasta monedas. Todas unidas por primera vez. Es la primera vez que muchas de estas obras salen del British Museum para su exhibición en la muestra, un numeroso grupo de las cuales lo hacen directamente desde las salas de exposición del museo británico.


Es el caso de la parte final de la exposición, que ahonda en el tema de la muerte a través de las esculturas del Mausoleo de Halicarnaso, la tumba del rey Mausolo, una de las siete maravillas del mundo antiguo. El British Museum nunca antes había cedido en préstamo estas célebres y emblemáticas esculturas, que además han sido restauradas para la ocasión.

Bloque de un friso con una batalla entre griegos y amazones. Relieve de mármol. c. 350 a. C. Hallado en Mausoleo de Halicarnaso, actual Turquía © The Trustees of the British Museum

La exposición se divide en siete ámbitos que recorren los aspectos de la vida de los griegos donde la competición es fundamental:

Niké, la diosa de la victoria. […] Niké solía relacionarse con Atenea, la diosa de la guerra y la sabiduría, y con Zeus, el patriarca de la familia olímpica. Siendo la personificación de la victoria, se sienta como jueza junto a Zeus para determinar quiénes son los vencedores, tanto en la batalla como en los deportes. Fue una de las divinidades griegas más atareadas, puesto que entregaba coronas, diademas, palmas o trofeos directamente a los ganadores.

Atletas célebres entrenando Ánfora de cerámica de figuras rojas c. 520-500 a. C. Realizada en Atenas. De Vulci, Italia © The Trustees of the British Museum

El juego en la infancia […] En las palabras de Platón se expresa el convencimiento de que, si bien es necesario estimular el juego en los niños, también lo es inculcarles una estructura rigurosa. Desde temprana edad, los ciudadanos  aprendían  a seguir las normas y los criterios marcados por el poder establecido […]

En la mayoría de las ciudades estado griegas, las niñas y las mujeres recibían  educación en sus casas, en general por parte de sus maridos, hermanos o padres. Fuera del hogar solo recibían clases de música y danza. En cambio, en Esparta, las mujeres tenían acceso a una educación pública.


Competiciones deportivas […] Los Juegos Panhelénicos celebrados en Olimpia, Delfos, Istmia y Nemea estaban abiertos a los atletas de todo el mundo griego. La competición deportiva más famosa  era la celebrada cada cuatro años en Olimpia. Su primera edición fue en el año 776 a.C. y se continuó celebrando durante más de mil años. Todas estas contiendas deportivas en honor de los dioses, de quienes se esperaba recibir la excelencia atlética.

Los ganadores de los principales juegos se convertían en auténticos héroes, y los atletas profesionales podían vivir de lo que ganaban en las numerosas competiciones de menor importancia. En Olimpia, en cambio, el premio era una simple corona de ramas de olivo, pero esa victoria proporcionaba fama de por vida. La tradición de los Juegos Olímpicos fue retomada en la era moderna en 1896.

Lanzador de disco Estatua de mármol . Versión romana (c. 120-140 d. C.) de un original griego perdido (c. 425-400 a. C.) . Supuestamente procedente de la Villa Adriana de Tívoli © The Trustees of the British Museum

Las competiciones teatrales y musicales. Las competiciones en las artes escénicas eran parte integrante de los festivales religiosos celebrados en honor de Dionisio, el dios del teatro y del vino. Patrocinadas por benefactores, constituían  una fuente de diversión para las masas. En todas las festividades panhelénicas, no solo en las de Olimpia, se organizaban certámenes abiertos a ciudadanos varones de todo el mundo griego […]

El teatro y la poesía  ofrecían un resquicio para ahondar en importantes temas sociales y religioso, y para criticar abiertamente la política y a los políticos. Muchos de los dramaturgos griegos más famosos participaron y ganaron estas competiciones, Esquilo, Eurípides, Sófocles y Aristófanes. Tan perdurables son sus grandes obras que siguen interpretándose en nuestros días.

Ifigenia, tragedia premiada pintada en un vaso Crátera de volutas de cerámica de figuras rojas c. 360-350 a. C. Realizada en Apulia, sur de Italia Hallada en Basilicata, Italia © The Trustees of the British Museum

La Guerra: el enfrentamiento supremo. El conflicto entre las ciudades estado y los reinos rivales era una constante en la antigua Grecia. La mayoría de las guerras eran litigios por el territorio y los recursos naturales, o sencillamente reflejaban las ambiciosas políticas de determinados reyes y gobernantes.

En el siglo VIII a. C. existían ya cientos de ciudades estado y cada una de ellas estaba rodeada de sus tierras de cultivo, un bien escaso en la accidentada geografía continental griega y en las áridas islas. Con el tiempo se fueron gestando profundas rivalidades entre las distintas comunidades y el recurso a la violencia era habitual en las disputas por el territorio. Los ejércitos procedían de las clases propietarias, tanto de las ciudades como de las zonas rurales. Con tan solo siete años, los niños empezaban la formación militar, mientras que los hombres podían ser llamados a las armas hasta bien entrados los cincuenta. En este ámbito, los espartanos eran reconocidos por su estricto régimen de rigurosa instrucción y ejercicio.

En todas las formas de arte aparecen escenas de guerra, desde la escultura y la cerámica hasta la pintura sobre tabla y la forja. Y la inspiración procedía tanto de batallas legendarias como reales, muy especialmente de las guerras de Troya y las médicas.

Guerrero griego listo para luchar Estatuilla de bronca c. 350-300 a. C. Hallada en Corfú © The Trustees of the British Museum

Héroes y mitos. A los antiguos griegos les encantaba contar historias. Imaginaban su pasado como una época de héroes legendarios, aventuras épicas y criaturas fantásticas. Los relatos solían girar en torno a las acciones de los dioses olímpicos y sus aventuras con sus hijos e hijas semidioses.

En las narraciones aparecían también héroes míticos que luchaban contra todo tipo de adversidades compitiendo contra sus rivales. Los dos héroes griegos más célebres fueron Aquiles y Heracles (Hércules para los romanos), ambos semidioses con un progenitor inmortal y el otro mortal. Sus vidas estuvieron repletas de crisis personales, luchas contra otros héroes y agrias rivalidades […]

La guerra de Troya es unos de los hechos más importantes que recogen los mitos griegos y fue un tema muy popular en el arte griego y romano. Es un relato elaborado a partir de las historias narradas por varios autores antiguos, en particular a partir de la Ilíada de Homero. Las historias que contaba Homero eran antiguas, heredadas de una tradición anterior de narrativa oral. La Ilíada empieza cuando ya han transcurrido diez años de cruenta guerra. Se trata, en definitiva de una narración épica que versa sobre los dioses, que participan en un complejo juego en el que héroes y mortales son sus peones. Trata también sobre el amor y la codicia de dos familias reales: los arqueos griegos y los troyanos.

En las excavaciones realizadas en Troya (actualmente en Turquía), los arqueólogos han localizado los restos de una importante ciudad amurallada. Al parecer, hacia el año 1180 a.C. se produjo un ataque real a esta ciudad que causó una gran destrucción y que podría ser el origen del relato de la guerra de Troya.

Heracles. Primer trabajo: el león de Nemea Estatuilla de bronce c. 400-350 a. C. Realizada en el sur de Italia © The Trustees of the British Museum

Rivalidad social en la vida cotidiana y en la muerte. […] Los antiguos griegos prestaban mucha atención a todo lo relacionado con la muerte. Daban mucha importancia a los preparativos funerarios, los entierros y la vida en el más allá. Los funerales podían ser la ocasión perfecta para grandes despliegues de comida y bebida, y su duración y magnitud dependían de la riqueza y el estatus de la persona fallecida.

Habitualmente, los cementerios estaban situados en el camino principal que conducía a la ciudad para garantizar máxima visibilidad y relevancia. En el caso de los miembros de la élite, sus restos podían depositarse en una cámara de piedra, con un elemento indicativo de la tumba, o en otro monumento funerario. Los pobres, en cambio, a menudo recibían sepultura directamente bajo tierra o, a veces, dentro de vasijas de arcilla.

En ocasiones, las ceremonias y los monumentos funerarios eran tan ostentosos que terminaron restringiéndose por ley. No obstante, los que estaban por encima de la ley, como los gobernantes y monarcas, utilizaron sus costosas tumbas como expresiones conmemorativas.


Cierra la exposición: La tumba del Rey Mausolo (r.377-353 a.C.) en Halicarnaso.

La gigantesca tumba construida para el rey Mausolo de Caria fue el mayor símbolo funerario de estatus. Mausolo era sátrapa, es decir, gobernador del imperio persa y administraba una importante provincia cuya capital era Halicarnaso. Fue un poderoso actor político y económico en el Mediterráneo.

Mausolo era un gran admirador de la cultura griega. Por todos sus dominios fundó nuevas ciudades basadas en el trazado de las ciudades griegas, y planificó la construcción de su propia tumba de modo que dominase Halicarnaso y fuese visible desde la lejanía en el mar. Tenía una altura de 45 metros y estaba decorada con estatuas muy elaboradas y frisos tallados. Según cuentas los escritores de la Antigüedad, no reparo en gastos: los arquitectos y escultores se contaban entre los más famosos artesanos de Grecia.

La tumba de Mausolo se encuentra en la lista de las siete maravillas del mundo antiguo y ha dado lugar al término de mausoleo para hacer referencia a una gran tumba monumental.


Esta espléndida exposición, es la segunda de una serie de cuatro proyectos conjuntos entre la Obra Social “La Caixa” y el British Museum. Esta cooperación es fruto de la voluntad de ambas instituciones de promover el conocimiento a partir de la organización de grandes proyectos expositivos presentados conjuntamente a partir de las colecciones británicas.


Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Fuente: Agón! La competición en la antigua Grecia. Concepto y producción: Obra Social “La Caixa” con la colaboración del British Museum. Del 14 de julio al 15 de octubre de 2017. Lugar: CaixaForum Madrid. Departamento de Prensa.

viernes, 28 de julio de 2017

LEE LOZANO, Desafiante y original.

La artista Lee Lozano en su estudio.

El Museo Reina Sofía presenta la primera retrospectiva en España dedicada  a la artista norteamericana Lee Lozano (New Jersey, 1930 – Dallas, 1999) bajo el título Forzar la máquina, la muestra exhibe una selección de alrededor de 150 obras entre pintura y dibujos de diferentes series que van desde 1960 hasta 1972, así como cuadernos y gráficos que la artista utilizaba para sus trabajos, muy interesante hacer una lectura de ellos para comprender su desafiante y original obra.

La exposición rastrea la trayectoria de Lozano, que en los años 60 cuestionó todas y cada una de las  estructuras impuestas  socialmente, zarandeando los presupuestos ideológicos y formales del arte, hasta consumar su retirada definitiva en 1972. En tan solo doce años produjo una obra profundamente provocadora, impregnada del espíritu reivindicativo, libre y desenfadado que acompaño la eclosión de los movimientos de los civiles y antibélicos de la época. Sus pinturas y dibujos representaban cuerpos abyectos y fragmentados, sencillas herramientas de trabajo transformadas en órganos sexuales, objetos industriales sobredimensionados, formas que seguían las reglas de progresión matemática y piezas lingüísticas que adoptaban ideas del arte minimalista y conceptual, pero que en muchos sentidos también las subvertían. Hay mucho sentido del humor en su obra, da la sensación que se reía de ella misma y de lo que estaba haciendo.
Tras estudiar filosofía y ciencia en la Universidad de Chicago (1948-1951), la artista compaginó su interés por el psicoanálisis con su formación en arte, graduándose en el Art Institute de Chicago en 1960. E, 1961 se instaló en Nueva york y se puso en contacto con Richard Bellamy, que acababa de fundar la Green Gallery, el espacio artístico que impulsaría la carrera de artistas como Robert Morris, Donald Judd y Claes Oldenburg. Allí se sumergió rápidamente en la escena artística de Manhattan y, tras participar en algunas muestras colectivas, inauguró su primera exposición individual en la Bianchini Gallery en 1966.

En las primeras obras de Lee Lozano se aprecia la influencia del lado más salvaje del “Monster Roster Group”, un colectivo de artistas que trabajan en Chicago (Leon Monster, Nanc Spero, Westermann, Oldenburg) y crearon una obra marcada por el lenguaje de la guerra y de la agresividad animal, un vocabulario característico de la posguerra, revestido a menudo de un estilo figurativo de carácter sexual. Lozano comenzó creando pinturas en las que mezclaba  la frenética pincelada de los expresionistas abstractos con una evocadora imaginería basada en la viñeta y en el sexo, cargada de humor sarcástico y agresividad. Muy en sintonía con las conquistas de la vanguardia Pop, la artista se nutre de su entorno más próximo, poblando sus dibujos de motivos inconexos procedentes de su estudio. Son imágenes repletas de partes del cuerpo aisladas: bocas con amplias sonrisas, dientes, penes erectos y pechos, agrupadas de diferentes maneras, y en espacios en los que se retuercen creando una sensación de claustrofobia.

A partir de 1962, para Lozano una obra se conforma de materia o energía. La obra que es materia consiste en “una precipitación, un sedimento, las cenizas de una idea, siempre imperfecta y tarde o temprano desechable”. La irreverencia y la provocación deliberadas le sirve para revisar todas y cada una de las instituciones que pautan la conducta social: el matrimonio, la familia monógama, la academia, la religión, el negocio del sexo, las convenciones de belleza y la moral prevaleciente. De esta época es la Subway Series (1962). Particularmente interesante es el dibujo de una máquina de escribir –sin título, 1962- cuyo teclado resume la poética de Lozano a través de expresivos monosílabos y emoticonos.

El año 1964 marca un punto de inflexión en su producción, tanto en términos de formato e imaginería como el color, que cambia hacia una paleta más austera. En un medio dominantemente masculino como la pintura, los motivos que centran ahora la atención de Lozano (puntas de destornillador, tuercas, grapadoras, martillos etc.) apuntan a un viraje en la estrategia  de la artista y en su adopción de ciertos códigos. Es indudable que Lozano conocía bien la dificultad de hacerse un hueco en un entorno hostil. Estos objetos de contornos definidos y ambiguos aún retienen una cierta referencia sexual, pero la frialdad de lo mecánico anuncia un giro hacia la abstracción y el minimalismo. Teniendo en cuenta los lazos de amistad que le unían en ese momento a un artista tan activo como Carl Andre, no es de extrañar que las pinturas de Lozano de 1964 recogieran algo del minimalismo de este artista.

A mediados de los años 60, la obra de Lozano se vuelve más abstracta y minimalista. Figuras geométricas atraviesan lienzos y paneles de margen a margen. La artista utilizaba los colores para provocar emociones, y reflexionaba sobre la idea de las “pinturas de energía” en obras como Big Circle, cuyos segmentos circulares crean efectos ópticos. Su trabajo se centra ahora en la especialidad, en un intento por plasmar la cuarta dimensión en esas obras que llevaron a la artista a la conceptualización de su práctica pictórica entre 1969 y 1970. Sus pinturas y estudios perforados se basan en cálculos matemáticos, son un buen ejemplo de su método de trabajo riguroso y preciso.

En 1967 empezó sus primeros estudios para Wave Series (Serie de ondas, 1969), un conjunto de once espléndidas pinturas que completó en 1969. Cada una de las once obras que integran la serie se terminó en una sola sesión, y representa una onda electromagnética compuesta por numerosos riachuelos diminutos de pintura aplicada minuciosamente por peines de acero y cepillos de alambre duro. El momento más álgido de su carrera fue la presentación de esta  serie en el Whitney Museum of American Art en 1970, todo un logro para una mujer artista en esa fecha y en ese lugar. Había decidido exponer las Wave Series primero en Nueva York y perseveró hasta reafirmarse en un medio especialmente competitivo. Estas pinturas conjugaron ciencia, arte y existencia en una investigación fundamentada en cálculos y formulaciones que giró en torno al fenómeno  de las ondas electromagnéticas.


Lee Lozano. Forzar la máquina: ha sido comisariada por Manuel Borja-Villel y Teresa Velázquez.

Vista de sala de la exposición LEE LOZANO. Forzar la máquina. Óleo sobre lienzo.1967-70 

Va a ser una de las exposiciones del año en el Museo Reina Sofía, Lee Lozano una gran artista, desafiante y original.

Mariví Otero.
Asistente: Manuel Otero Rodríguez.

Fuentes: Lee Lozano. Forzar la máquina. Del 30 de mayo al 25 de septiembre 2017. Museo Reina Sofía. Madrid. Gabinete de Prensa. Museo Reina Sofía.

viernes, 21 de julio de 2017

SONIA DELAUNAY. Color y abstracción.

Con el arte abstracto empezamos a liberarnos de las viejas formulas pictóricas.  Pero la verdadera pintura nacerá cuando se entienda que el color tiene una vida propia, que las infinitas combinaciones del color tienen su poesía y su lenguaje poético, que son mucho más expresivas que lo que se hacía con los medios antiguos.
Sonia Delaunay 1949

Sonia Delaunay. Arte, diseño, moda. En el Museo Thyssen-Bornemisza, primera exposición en solitario en España de esta artista, en la que se  destaca  no sólo su importante papel como pintora de vanguardia, sino también, la exitosa aplicación de su ideario artístico a la vida cotidiana.

Nacida en Ucrania en una modesta familia judía, Sonia Delaunay (1885-1979) fue acogida por sus tíos maternos en San Petersburgo cuando era tan solo una niña, de quienes recibió una educación cosmopolita. Su formación artística comenzó en 1904 en Karlsruhe (Alemania), dos años después la continuó en París. Para no abandonar Francia, contrajo matrimonio de conveniencia con el marchante alemán Wilhelm Uhde, en cuya galería expuso por primera vez en 1908. Gracias a él conoció a artistas de vanguardia como Picasso, Braque y al propio Robert Delaunay, con quien se casó en 1910, tras su divorcio de Uhde.

A partir de entonces, el intercambio artístico entre ambos sería constante, aunque, ya desde los comienzos de su relación, pero Sonia se diferencia de su marido por compaginar los pinceles con las agujas de bordar, la decoración de interiores o el diseño de moda, convirtiéndose en una artista multidisciplinar, interesada en plasmar el lenguaje vanguardista sobre los más variados soportes, con vivos colores y técnicas diversas que recuerdan su orígenes rusos.

Me atrae el color puro. Colores de mi infancia, colores de Ucrania. Recuerdos de las bodas campesinas de mi país en los que los vestidos rojos o verdes, con muchas cintas que los adornaban, volaban en los bailes.
Sonia Delaunay 1978

París era, para ellos, la ciudad simultánea por excelencia y se convirtió en su fuente de inspiración, en el lugar en el que empezaron a analizar el impacto de la luz sobre los colores. Pero fue en Madrid, en 1917, donde sus experimentos por trasladar el ideario del simultaneísmo a la vida cotidiana dieron paso definitivo a la escena pública. En la capital española, Sonia no solo comenzó sus colaboraciones con las artes escénicas, sino que inauguró una boutique en la que vendía sus creaciones de moda y de interiores. Esta etapa madrileña, de la que se cumplen ahora 100 años, supuso para ella un momento de gran experimentación y libertad que marcaría todo su desarrollo artístico posterior, a partir de la década de 1920 y ya de regreso a París.


La exposición reivindica esos años de Madrid como hito fundamental en su carrera, por lo que este periodo ocupa el capítulo central de la muestra, el recorrido está organizado en cuatro apartados cronológicos que incluyen también las etapas inmediatamente anterior y posterior  a su estancia en España. Comisaria: Marta Ruiz del Árbol, conservadora de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza.

Primeros años de París

A comienzos de la década de 1910, sus primeras creaciones revelan la búsqueda de un arte total e ilustran su voluntad de conseguir que la estética llegue a la cultura popular. El piso de los Delaunay, donde se reúnen  los domingos artistas e intelectuales, es el primer espacio donde se exhiben estas creaciones simultáneas, como si fuera una galería de arte. Sonia se reafirma en su intención de abordar sin distinción todos los soportes, considerando equiparables  y dignas de ser expuestas todas las expresiones artísticas. Así lo hizo, por ejemplo, en el famoso Salón de Otoño de Berlín de 1913, donde expuso pinturas, proyectos de carteles encuadernaciones y objetos domesticos junto a obras de Robert Delaunay, Marc Chagall, Max Ernest, Lyonel Feninger, Franz Marc o Paul Klee, entre otros.

Los de la Delaunay se visten con sus creaciones y convierten salones de baile, como el parisino Bal Bullier, en laboratorios en los que experimentar con el simultaneísmo, en un primer intento de renovar la estética  urbana a través del color. Con su provocadora asociación del color y mezcla de tejidos, causan sensación y se convierten en “reformadores de la manera de vestir”, según Apollinaire.

Primera estancia en Madrid y Portugal

La Primera Guerra Mundial estalla mientras la familia Delaunay se encuentran de vacaciones en España por lo que, a finales de 1914, deciden instalarse en Madrid. Les fascina la luz de la ciudad, que les lleva a alcanzar un momento clave en sus investigaciones en torno al color. Aislados de la vanguardia, buscan inspiración entre los maestros clásicos y Sonia se inscribe en 1915 como copista en el Museo del Prado. Sus lienzos y vestidos simultáneos para el Bal Bullier dan paso a un interés por el arte popular, los cantantes y bailaores de flamenco, donde se puede reconocer un cierto retorno a la figuración. En el verano de de ese año, son invitados por un grupo de artistas futuristas instalándose en Vila do Conde, un pequeño pueblo en el norte de Portugal, y deciden trasladarse allí durante un tiempo. Aun así, Sonia sigue inspirándose con frecuencia en España, como puede apreciarse en las obras como “Gran flamenco, 1915-1916” y “Pequeño flamenco, 1916” expuestas en las salas junto a varios dibujos, acuarelas y diseños realizados en esa época.

Segunda estancia en Madrid y el arte total

Con el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia, en 1917, Sonia dejó de recibir las rentas familiares que la habían  permitido una estabilidad económica hasta entonces y decide llevar a la esfera pública sus creaciones.

De vuelta Madrid, el matrimonio Delaunay coincide con Serguéi Diághilev, refugiado también en España, y Sonia empezó a colaborar en el diseño de escenografías  y vestuario para los Ballets Rusos, una relación que marcaría el inicio de la estrecha vinculación con el mundo de las artes escénicas a lo largo de su carrera. En las salas se pueden algunos figurines y diseños de decorados para la representación del ballet ruso Cleopatra (1918), que creó en Sitges y se estrenó en Londres, así como fotos de la reforma completa que realizó para la conversión del antiguo Teatro Benavente de Madrid en un novedoso teatro-concert, y que se inauguró como Petit Casino en 1919.



“Abro una Casa Sonia de decoración de interiores” –recordaba la artista en sus memorias- “En las casas ricas, en los palacios históricos, mando los alambicados pastelones, los tonos lúgubres, las mortuorias cursilerías”. La inauguración de este negocio, que también dedicó al diseño de complementos y de moda, supone un hito en la carrera de la artista, es un importante precedente de su intensa dedicación al diseño de interiores, tejidos y prendas de vestir de la década de 1920.

Recortes de periódicos y fotografías de la época permiten  reconstruir este periodo, a la vez se acompañan de una selección de bocetos de moda y una chaqueta de lino (1928), pintada y bordada, que evoca el espíritu de lo que la prensa madrileña dio a conocer como “el estilo Sonia”

En estos años en Madrid se relacionaron también con poetas vanguardistas, como Ramón Gómez de la Serna o Guillermo de la Torre. Regresan a París en 1921, París, estaba imbuida por el espíritu  dadaísta, Sonia decidió  decorar las paredes de su casa con poemas de sus amigos poetas, como el mural, “abanico-poema” de Gómez de la Serna (1922). En su deseo de rebasar los límites de las artes, también diseñó “vestidos-poema”, de los que se pueden ver dos bocetos en la exposición.


Regreso a París

Este apartado está dedicado a su polifacética y versátil manera de enfocar el proceso artístico, ya fuera en lienzos, tejidos, tapices, litografías, escenografías o incluso en encargos murales. Se presentan una chaqueta (1924), dos vestidos (1926) que nunca antes se han mostrado en una exposición, un traje de baño y un conjunto de sombrilla y bolso de playa (1928) junto a varios de sus diseños previos, y el óleo “Vestidos simultáneos” (1925), en el que la vestimenta de la figura central es similar al abrigo creado para la actriz Gloria Swanson ese mismo año y que se puede ver en la sala, con fotografías  de moda que hizo la propia artista y un vídeo coloreado realizado también por ella para promocionar sus diseños de 1925. Además se puede ver un amplio apartado dedicado a sus diseños textiles para ver como era el proceso creativo de las piezas, desde el dibujo sobre papel o cartulina al producto final, como  la correspondencia que mantenía con los almacenes Metz & Co, a los que enviaba muestras de tela para la producción de sus creaciones.

En 1937 participará, junto a Robert Delaunay, en la decoración de dos grandes pabellones de la Exposición Universal de París, se presentan tres de estos bocetos. La artista evocará en el Pabellón del Ferrocarril su viaje a la península ibérica, demostrando, una vez más, la significativa huella que esta época dejo en ella.

Después de fallecer su marido en 1941, Sonia Delaunay continuó trabajando, y colaborando en la promoción del arte abstracto. En 1964, tras la donación de un centenar de obras suyas y de Robert, se convirtió en la primera mujer a la que se le hizo una exposición en el Museo del Louvre.

La muestra se cierra con tres espléndidas composiciones abstractas, de su etapa final, “Ritmo Coloreado nº694”, “Ritmo color” y “Mosaico horizontal”


La exposición reúne  más de 210 piezas procedentes de Instituciones públicas como el Centro Pompidou, la Biblioteca Nacional de Francia, el Museo de la Moda de París o el Museo Reina Sofía, y de colecciones privadas.


Mariví Otero
Asistente: Manuel Otero Rodríguez

Fuentes: Sonia Delanuay. Arte, diseño y moda. Hasta el 15 de octubre de 2017. Madrid. Información e imágenes, Museo Thyssen- Bornemisza -  Oficina de Prensa.